Edad en movimiento

Tengo 56 años.

Y los últimos 25 años se me han pasado en un suspiro. No me he dado cuenta de lo que ha sucedido.

Parece que fue hace unos días cuando vine a Valladolid, y llevo más de 26 años aquí. Ya es el lugar en el que más tiempo he vivido.

Ni siquiera en mi Burgos añorado. Allí estuve hasta los 18 años que me fui a la universidad. Después mis estancias fueron intermitentes. Ahora se limitan a unas pocas horas, a veces, tan solo unos minutos.

Nací en Carazo. Pero tan solo estuve allí unos meses.

Mis padres se trasladaron a Burgos, donde crecí (no mucho), jugué, fui al colegio, primero a Nuestra Señora de Lourdes (el Zapatito) y después para hacer BUP y COU al Instituto Cardenal López de Mendoza, que en un principio era femenino y terminó mixto.

A los 18 años me fui a Madrid a estudiar Periodismo en la Universidad Complutense.

Recuerdo aquella época con mucho cariño. Con la perspectiva que nos proporciona el tiempo en la distancia, creo que aprendí bastante, yo diría que mucho, aunque tal vez no lo suficiente. Si hubiera tenido la experiencia que tengo hoy, tal vez hubiera estudiado mucho más.

Ahora me interesa ampliar mis conocimientos en todos los campos, no solo en cuanto a las habilidades necesarias para ejercer el periodismo, en mi caso en gabinetes de prensa, sino para las destrezas de la vida cotidiana, para la mundo social y cultural en el que nos movemos, para desarrollar las tareas domésticas, para cuidar el jardín, o preparar la comida o cuidar de mi familia.

Fui consciente de lo importante que es aprender, y aprender permanentemente a lo largo de toda la vida cuando me presenté a las oposiciones, ya con 30 años, y solo había una plaza convocada. Eso significaba que no tenía que estudiar para aprobar sino para sacar la mejor nota. Nunca había pasado tanto tiempo seguido entre apuntes y libros. Pero lo conseguí.

Y desde entonces es como si se me hubiera abierto una puerta sorprendente. No he dejado de aprender.

No tengo tanto tiempo como quisiera para zambullirme en temas sociales y culturales, ya me gustaría, para esto hace falta más esfuerzo y concentración de la que puedo tener ahora.

Ni siquiera puedo seguir los cursos de formación que nos ofrecen en el trabajo. Los últimos me costaron una energía ingente terminarlos.

Mi primer trabajo

Al poco tiempo de terminar la carrera comencé a trabajar en un proyecto que se denominó “Culturalcampo” para encargarme de las relaciones con los medios y para dar publicidad a este programa. Estuve a temporadas por Soria y por Madrid. Me gustó. Me abrió al periodismo de gabinetes de prensa. Un mundo más interesante de lo que parece y de lo que a menudo se convierte.

El periodismo de los gabinetes está bastante desprestigiado sobre todo en el ámbito político donde sus componentes suelen ser amigos del político de turno, cuando no directamente políticos. Pero se puede trabajar al margen de ellos, con profesionalidad, se presta un servicio a la sociedad cuando se informa sobre lo que la administración ofrece al ciudadano. Se pone en sus manos las herramientas para que pueda aprovechar las prestaciones que con su dinero las instituciones van organizando.

Vuelta a Burgos

Cuando este proyecto llevaba dos temporadas decidieron cambiar los componentes y las orientaciones (hubo cambio político). Volví a Burgos a trabajar en los servicios sociales del ayuntamiento por mi experiencia anterior.

Después de casi tres años, sucedió lo mismo. Un cambio de equipo de gobierno y los contratados temporales a la calle.

Entonces me llamaron de la administración regional, que también había cambiado de gobierno e iban a preparar una dirección de comunicación más profesionalizada y necesitaban periodistas.

En Valladolid

En Valladolid entré a formar parte de un gabinete de prensa, o una dirección de comunicación, bastante profesional, organizada y coordinada. Aprendí de los compañeros con más experiencia y empecé a prepararme para llevar un gabinete de prensa con rigor, con dedicación y con el máximo esfuerzo e interés posible.

Y desde aquel momento hace ya casi 27 años no he parado. Hemos pasado de escribir las notas de prensa en máquinas manuales para otros medios a escribir la propia página web de la administración. De relacionarnos con nuestros superiores a relacionarnos con el mundo. Es como si antes viéramos una calle estrecha por un ventanuco a ver el mundo a través de una inmensa galería.

Además en Valladolid conocí a mi marido, la mejor persona del mundo mundial, quien me acompaña en los buenos momentos, y en los tragos difíciles, quien está siempre a mi lado, me ayuda, me aconseja, me acompaña

Y aunque mi vida social y cultural, e incluso profesional, ahora esté muy limitada por mis obligaciones familiares y mis intereses sean más mundanos que espirituales, por no decir casi meramente domésticos, creo que estoy feliz, en paz, espero tiempos mejores, pero no por eso repudio los actuales.

Cada etapa de la vida nos proporciona sabiduría para afrontar la siguiente. Cada vez nos damos cuenta que sabemos menos, que necesitamos más conocimiento y más experiencia.

Que la vida es movimiento

Ver página – Pensamientos.

Autor: Chari Ruiz

Periodista, lectora y aprendiz de muchas cosas.

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