Lechazo al horno

Lechazo 2

El lechazo al horno siempre será el plato estrella en las celebraciones de esta tierra.

En Burgos, en Valladolid, en Palencia. Cualquier acontecimiento tiene que ir coronado con el lechazo.

Y no tiene grandes misterios. Solo uno. Que el lechazo sea verdaderamente lechazo.

Estos son los requisitos de la IGP, pero han abierto la mano, y para alguien de Burgos, acostumbrada al lechazo churro, de 4,5 kg de peso, y demás características peculiares de este producto, se encuentra a veces corderos de 7 kg y que también son lechazos. Bueno, lo dejaremos, pero eso no es lechazo.

IGP Lechazo de Castilla y León

El lechazo está estupendo preparado de distintas formas, guisado, frito, asado a la cazuela, pero sin duda, la receta más apreciada es al horno.

Aquí, tanto mi madre como yo nos hemos desviado de la elaboración típica de Carazo con manteca de cerdo y un majado de ajo y perejil. La carne se desvirtúa y no se aprecian bien las características de este producto tan peculiar.

Si mantengo, por ejemplo, el chorrito de vino blanco, cuanto mejor sea, más calidad y aroma le prestará al plato.

Aquí está nuestra receta. Ahora vendrán los fundamentalistas, que haberlos haylos, y nos dirán que si así no se asa, que si eso no se echa.

Esta es mi receta y yo lo hago como me gusta. He dicho.

Ingredientes:

  • Un buen lechazo churro, pequeño, y sin más cortes que la separación en cuartos. Nada de trocearlo.
  • Sal.
  • Aceite de oliva.
  • Agua.
  • Vino blanco. Un verdejo de Rueda estupendo.

Preparación:

  • Limpiamos y secamos bien el cuarto de lechazo. Quitamos el exceso de grasa.
  • Lo colocamos en una fuente para horno. Aquí también difiero de las tradiciones, no me gustan para nada las típicas cazuelas de barro, creo que le prestan a la comida cierto regustillo no muy agradable. Prefiero las cazuelas de gres o cerámica. Totalmente sin sabor.
  • Lo salamos y regamos con un chorrito de aceite. Lo ponemos con la piel hacia abajo.
  • En el fondo de la fuente añadimos un poco de agua.
  • Metemos la carne al horno precalentado a 180 grados. Cuando hayan pasado unos minutos, bajamos la temperatura a 120 grados y con función vapor. Así lo suelo tener una hora y media larga.
  • Es el momento de abrir el horno, regamos con un chorrito de vino blanco. Subimos la temperatura a 160 grados, por ejemplo, dejamos que se tueste por esta cara. También quitamos la función vapor. Unos veinte minutos.
  • Volvemos a abrir el horno. Damos la vuelta al cuarto para que la piel quede por arriba. Regamos con el jugo del asado y con otro chorro de vino blanco. Metemos de nuevo la carne al horno y la dejamos otros 20 minutos o hasta que veamos que la piel está bien crujiente, sin quemarse, claro.
  • Y ya está.
  • Hay que servirlo inmediatamente, en la misma fuente, o en una bandeja previamente calentada si no se quiere la salsa, por ejemplo. Y ponemos el jugo que haya quedado en una salsera para quien le guste.
  • Una ensalada verde y nada más.
  • Para chuparse los dedos.

Autor: Chari Ruiz

Periodista, lectora y aprendiz de muchas cosas.

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