Segundo, los representantes

Segundo representantes DPor representantes, me refiero a esa persona, o personas, que me van a representar a la hora de tomar decisiones  por mi en todos los aspectos de la vida pública, que van a  administrar mis intereses, los intereses de todos los ciudadanos, con medios que pertenecen a todos los ciudadanos.

Si tengo el derecho, y de alguna forma el deber, de acudir a votar el día de las elecciones es para elegir a esos representantes ante las distintas administraciones, el ayuntamiento, los parlamentos y gobiernos autonómico, nacional y comunitario.

Tenía pensado debatir distintos temas públicos, según la opinión de cada partido, para poder tomar mi decisión de voto, pero quiero comenzar por plantear qué le pido yo a un representante público, a mi representante público.

En primer lugar, me gustaría que los políticos fueran honrados y honestos.

Honrados para administrar con rigor los medios de los que disponen para realizar sus obligaciones, tanto humanos como materiales, con confianza, sin realizar fraudes, sin malgastar ni apropiarse de nada, ni facilitar que terceros se aprovechen de su situación.

Es verdad que los sueldos de nuestros representantes públicos no son elevados, pero como los del resto de la sociedad, además, ya lo saben, si no están contentos, que no se metan en política. Deben dar cuenta rigurosa de lo que tienen al tomar posesión del cargo, tanto ellos como su familia más directa, y lo mismo al terminar su ejercicio. Claridad en las cuentas.

Nada de subirse los sueldos, lo que se establezca por la ley presupuestaria anual para los trabajadores públicos, ni un céntimo más. Por supuesto, olvidarse de las pensiones, en este punto votaría ahora mismo a quien las eliminara. Es indignante que por estar unos pocos años en un parlamento, que además compaginan con otros trabajos, ya tengan solucionado su futuro. Y los demás, que trabajemos muchos más años, muchas más horas y con mucho más esfuerzo para lograr una jubilación la mitad que ellos.

Estoy segura, que más de un político, sin oficio ni beneficio, sin esas pensiones, acabaría en la cola del paro, con unos ingresos mínimos y pasándolo mal, como muchos españoles. Tal vez así, se pondrían a trabajar en serio y no a aparentar que trabajan.

Además, no solo deben administrar con honradez los medios materiales, también los medios humanos, es decir, deben trabajar con las personas que la administración tiene a su disposición, no tienen que rodearse de amigos, familiares y cuñados a los que se contrata mediante extrañas operaciones y conceptos.

La administración pública dispone de personal altamente preparado y cualificado, con frecuencia, mucho mejor que el político de turno, para que tenga entre sus asesores a trabajadores públicos de carrera, sin favoritismos. Esto nos garantiza varias cosas. Transparencia. Me horroriza que el personal del político venga con él y se vaya con él. ¿Qué esconderá? Y además, cierran los despachos con llave. Algo ocultan. Y me parece a mí, que no es por la política de protección de datos.

La discreción se nos supone a todos en la función pública, por lo tanto a sus asesores también, no solo a sus amigos y cuñados. Eso es dudar de los empleados públicos.

Eficacia. Los trabajadores públicos son los verdaderos especialistas en la administración pública. No es infrecuente que algún político pretenda saltarse leyes y procedimientos por atrevida ignorancia, no solo suya, sino de quienes le rodean. Ignorancia y prepotencia.

Una buena asesoría garantiza un buen desempeño de las funciones. Es verdad, que tendrá que hacer uso del sentido común, de inteligencia, conocimientos y capacidad para rodearse de buenos trabajadores, pero eso no significa que tengan que ser amigos y familiares.

Por supuesto, todos los medios deben utilizarse para fines públicos, nunca privados, ni servirse de los privilegios de su cargo para su uso y disfrute personal.

También pido honestidad a mis representantes.

Que sean justos, razonables, trabajadores, que puedan reconocer errores y rectificarlos. Que admitan ideas y recomendaciones. Que dialoguen.

Que trabajen con legitimidad, ateniéndose a la ley y respetando nuestro ordenamiento jurídico. Que busquen ese mismo respeto en quienes les rodean.

Honradez y honestidad deben ser las dos líneas de actuación principales en mis representantes.

Ver página – Pensamientos.

 

 

 

 

 

Autor: Chari Ruiz

Periodista, lectora y aprendiz de muchas cosas.

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