Comidas de trabajo

Comidas trabajo DNo me gustan nada las comidas de trabajo. Es más, me parecen espantosas.

Esas mesas llenas de platos, que muchas veces nadie toca, en eventos, jornadas, reuniones o conferencias de trabajo me horrorizan. Me parecen un alarde suplerfluo de poder, algo así como prepotencia, diría yo.

En la sociedad que nos ha tocado vivir, por suerte y demos gracias por ello, no pasamos hambre, no necesitamos que nos inviten a desayunos, comidas y demás ágapes para hablar de trabajo, negociar cualquier asunto o entregar premios o condecoraciones.

Y no es algo que pase este país, recuerdo unas negociaciones en Estados Unidos, con el anterior presidente, no me acuerdo el tema, pero si, que la imagen que recorrió el mundo fue una fuente inmensa de cruasanes en primer plano. Totalmente innecesario. Al final, lo que quedó de aquella reunión fue la anécdota.

Tampoco los periodistas necesitamos ya que nos “echen de comer”, a mi verdaderamente, me parece casi un insulto, una falta de respeto.

Tanto hablar de no tirar comida, de aprovechar recursos, eliminar ese tipo de comidas sería una buena forma de hacerlo.

Aclaro, si se realizan jornadas intensas de trabajo, de reuniones, fuera de nuestro lugar habitual, es necesario hacer una pausa y tomar un refrigerio, pero no en la mesa en la que se trabaja, y además, si se sigue con la labor, sería tomar algo de forma frugal para no producir somnolencia. Esto así lo entiendo.

Tampoco me parece mal celebrar con una comida cualquier acontecimiento, incluso la entrega de un premio. Pero, primero se entrega el galardón, la condecoración o lo que sea y después, y si puede ser en una sala distinta, se come, cena, merienda. Además señalaría que sin testigos, es decir, sin cámaras.

Hemos llevado la comida a ser protagonista de eventos ajenos a la gastronomía. Recuerdo en mis años, ya lejanos, de becaria en TVE, que me señalaron que los mejores desayunos de ruedas de prensa eran en la CEOE. Vamos que se iba, a comer y no a trabajar. Espantoso. Y mal en un evento de una entidad privada, pero si es pública, ya me parece el colmo. Deberían estar prohibidas ese tipo de invitaciones.

Así que espero que en un futuro alguien más cualificado que yo reflexione sobre este mismo tema y aconseje la desaparición de ese tipo de ágapes en cualquier reunión de trabajo. Y que le hagan caso. Todos ganaríamos.

Ver página – Pensamientos.

 

 

 

Autor: Chari Ruiz

Periodista, lectora y aprendiz de muchas cosas.

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