¡Silencio, por favor!

Silencio DAhora que se está defendiendo al Planeta de todo tipo de contaminaciones, parece que todo el mundo se olvida de la contaminación acústica.

Luchamos contra los plásticos, los humos, los carburantes, pero nadie parece que abandera la lucha contra el ruido. Tendré que hacerme una pancarta y sentarme delante de cualquier institución pública, por ejemplo, delante de los ayuntamientos que son los que autorizan las verbenas, con un sonido insoportable.

Somos un país ruidoso, pero parece que nos molesta a muy pocos. Encima, si protestamos somos unos intransigentes.

Hay ruido en el trabajo, y no solo en aquellos centros laborales que por sus tareas específicas el ruido sea parte de las operaciones que se realicen, sino en una oficina. La gente vocea por los pasillos, se llama a gritos de un despacho a otro, habla a voces por el móvil, y encima en zonas comunes, y las reuniones son una jaula de grillos, todo el mundo chillando, como si el que hablara más alto tuviera más razón. ¿No podemos bajar el ruido de nuestras charlas?

Es un fenómeno generalizado, se vocea en lugares públicos, hay cafeterías o restaurantes en los que no te entiendes con tus acompañantes.

Más llamativo es el ruido en lugares sanitarios, como hospitales, salas de espera de consultas. Me acuerdo cuando los pasillos de estos lugares estaban llenos del típico “Silencio, por favor”. ¡Cuando echo de menos estos carteles! Hay veces que ni oigo a la enfermera cuando llama a los pacientes por las tertulias a pleno pulmón que hay en la sala. Para empeorarlo, se suman los móviles, el ruidito de los juegos de más de uno, y las conversaciones a gritos de otros.

De los lugares de ocio mejor no hablar. He llegado a no entrar en más de un local, porque al abrir la puerta me ha sacudido una oleada de ruidos estruendosos como si de un puñetazo en plena cara se tratara.

Voy a un pub, a una cafetería, a un restaurante a pasar un buen rato con mis acompañantes, sea mi marido, mis amigos o la familia. No voy a gritarles, a quedarme afónica o a salir con dolor de cabeza. Voy a pasar un rato de charleta agradable, para verles, miro fotos.

Eso, si no vas a un lugar, véase restaurante o bar, en el que una jauría de niños empiezan a gritar, llorar o lo que sea. A mi, no me dejaban ni respirar para no molestar a los mayores. Y yo soy mayor ahora. Necesito ese respeto.

Luego están las fiestas populares. Más de una persona me ha comentado que durante las fiestas de su ciudad o su barrio se van en esos días porque no pueden descansar. Es lo que nos está pasando en estos momentos, y eso que las verbenas son en una localidad vecina situada a 3 kilómetros de nuestro domicilio. Sus fiestas han empezado un miércoles y las estamos sufriendo los vecinos de alrededor. ¿De verdad tiene que tener ese volumen las orquestas?

¿De verdad no hay una adolescente que proteste, y la escuchen, por la contaminación acústica? Necesito silencio, para oirme, para pensar, para vivir.

Ver página – Pensamientos.

 

Autor: Chari Ruiz

Periodista, lectora y aprendiz de muchas cosas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.